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4 COnceptos esenciales QUE DEBES conocer SOBRE LA OBESIDAD INFANTIL

La obesidad infantil es cada vez más frecuente. Hay múltiples razones que explican este incremento. Y no, la obesidad infantil no solo depende de que los peques coman más y hagan menos ejercicio. La obesidad (ya sea en peques o adultos) no es tan simple. De hecho, es una de las enfermedades más complejas que existen. Hay más de una centena de factores que causan la obesidad. Y lo más interesante, es que existen entre estas 100 causas, más de 300 conexiones. Es decir, los diferentes factores causales de la obesidad están interrelacionados entre sí. Esto dificulta todavía más la resolución de este entramado de posibles causas.

En este artículo te quiero hablar de cuatro aspectos que considero fundamentales sobre la obesidad infantil y que quizá nunca te hayas parado a pensar:

1. ES IMPRESCINDIBLE RESPETAR LAS SEÑALES DE HAMBRE Y SACIEDAD DE TU BEBÉ.

La obesidad infantil se puede prevenir durante los primeros meses de vida de tu peque. En efecto, tanto con la lactancia como con la alimentación complementaria se empiezan a crear patrones de alimentación que el bebé repetirá siendo adulto. La alimentación infantil (sobre todo de los bebés) es A DEMANDA. ¿Qué quiere decir a demanda? Que tu bebé comerá cuando tenga hambre y dejará de comer cuando deje de tener hambre. Nunca obligues a tu hijo o hija a comer.

Es importante tener en cuenta sus señales de hambre y saciedad. Para ello, es imprescindible que dejes que tu bebé decida cuando quiere comer y cuando quiere dejar de comer.

La lactancia es a demanda. Tanto la lactancia materna como la lactancia artificial son a demanda. Tu bebé tomará pecho o biberón cuando tenga hambre y lo pida. Y cuando deje de tener hambre, dejará de comer (o más bien dejará de beber). No le obligues a terminar la toma. Aunque hayas preparado un biberón entero, permite que no se lo acabe si ves que ya está saciado.

Lo mismo ocurre con la alimentación complementaria: tanto si es a base de sólidos o triturados, tu bebé está aprendiendo a comer y es muy importante que respetes sus señales de hambre y saciedad. Deja que decida cuándo quiere comer y cuándo quiere dejar de comer. Tu bebé respetará de manera natural sus señales de hambre y saciedad, comiendo cuando tenga hambre y dejando de comer cuando esté saciado. No tiene que acabarse todo lo que has puesto en su plato. Nunca le obligues a seguir comiendo si ya no quiere más. Desterremos ese mal hábito de hacer aviones de las cucharas u otras técnicas de distracción para conseguir que el bebé se acabe todo.

Si no respetamos sus señales de hambre y saciedad, le estamos enseñando a desconectarse de su cuerpo. Cuando tenga que elegir lo que come y cuánto come por sí mismo o misma, no se guiará por sus señales internas, sino por señales externas como un plato vacío.  

Respeta sus señales de hambre y saciedad.

2. LA GESTIÓN EMOCIONAL A TRAVÉS DE LA COMIDA.

La comida es reconfortante desde que nacemos. La lactancia materna no es solo un alimento: el pecho de una madre también supone sostén, amor, seguridad… Es nutrición en todos los sentidos. Y lo mismo ocurre aunque la lactancia sea artificial. A través del biberón y del ritual de alimentación, el bebé se siente cuidado, querido, atendido.

Es lógico que una de las formas más naturales a la hora de gestionar las emociones sea a través de la comida. Comer es placentero. Comer puede ser un bálsamo, una forma sencilla de sentir emociones agradables. De hecho, he visto muchos adultos en consulta que utilizan la comida como única forma de gestión emocional. Porque es la que mejor conocen. Desgraciadamente, no han tenido una educación emocional en su infancia ni nadie que les haya enseñado otras herramientas para gestionar sus emociones.

El problema no es gestionar las emociones a través de la comida, sino que esta sea la única forma que tengamos para hacerlo. Cuando un peque no tiene otras herramientas de gestión emocional, tenderá a comer para regularse emocionalmente porque es lo que ha aprendido a hacer desde bebé. Para evitar que la comida se convierta en una forma de llenar vacíos, es necesario explorar otras actividades que nos ayuden a sentirnos mejor.

Si te interesa la alimentación emocional y quieres ayudar a tu familia a gestionar sus emociones sin que la comida sea el único bálsamo emocional, puedes hacer el curso de ALIMENTACIÓN FAMILIAR: EL ESPEJO EMOCIONAL.

3. EL ENTORNO ES LA CLAVE EN LA ALIMENTACIÓN INFANTIL.

Un peque no es independiente. No sabe cuidarse por sí mismo o misma, aunque en algunos casos podamos pensar que sí. Un peque no es lo suficientemente maduro como para hacer la compra, hacer la comida y cuidar de su alimentación. Y aunque tu peque tenga la edad suficiente como para hacer estas tareas solo, no tiene el criterio como para ELEGIR DE FORMA SALUDABLE.

Lo más importante en la alimentación son las elecciones que hacemos. Si dejamos que los peques elijan lo que quieren comer, seguro que la mayoría no decidiría comer frutas y verduras cada día. Anteponer la salud a largo plazo al placer instantáneo de muchos productos industriales es una decisión que incluso muchos adultos no son capaces de tomar.

El entorno en la obesidad infantil – y en la alimentación infantil en general – es la clave. Los peques toman a sus padres, madres y adultos de referencia como ejemplo. Tener un entorno saludable, con una oferta de alimentos y bebidas saludables, que todos disfruten en familia, es imprescindible para crear un estilo de vida saludable en todos los peques.

Un peque no decide cuidar su alimentación, es su familia quien lo hace por él o ella. Además de la familia, los peques tienen muchos estímulos a su alrededor: amigos, profesores, redes sociales, series y películas, personajes públicos e iconos, publicidad… Cuanto mejor coma el entorno del peque, mejor querrá comer él o ella.

Alimentación familiar: el espejo emocional.

4. DEJEMOS DE CULPABILIZAR A LOS PEQUES CON OBESIDAD.

Lo veo a diario en consulta. Los peques con obesidad se sienten culpables. No se sienten a gusto en su propio cuerpo. Tienen complejos, se avergüenzan de su peso y de su forma de comer. Creen que lo hacen mal, que no son dignos de halagos ni de que les pasen cosas buenas. Crean muros y barreras a su alrededor para proteger su vulnerabilidad.

Las consecuencias psicológicas (y la negación de ayuda externa) es algo que veo muy a menudo en consulta y me parte el corazón. Muchos peques con obesidad o sobrepeso sufren de bullying. La gordofobia, tan presente en la sociedad, se extiende de adultos a niños haciendo que haya más comentarios negativos que sostén y apoyo emocional.

¿Por qué necesitamos hacer sentir mal al otro para poder sentirnos mejor?

¿Cómo podemos culpabilizar a un peque cuando los gobiernos se benefician económicamente de muchos de los factores que causan la obesidad infantil?

Un niño o una niña nunca podrán ser los culpables de las decisiones que los adultos toman por ellos. Y no me refiero solo a las familias, sino a las entidades públicas, las empresas privadas, los gobiernos, y todos los responsables que hacen de esta sociedad un mundo en el que priman más los intereses económicos que la salud de la población.

¿Qué pasaría si se invirtiese más en sanidad pública? ¿Y si hubiese dietistas-nutricionistas en todos los hospitales y centros de salud? ¿Qué sucedería si en los colegios hubiese enfermeras y dietistas que pudiesen asegurar un ambiente saludable? ¿Y si se pusiesen en marcha acciones para motivar a los peques a comer sano y estar activos? Me encantaría poder ver el resultado de estas medidas en esta vida. ¿Y a ti?

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