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¿Has oído hablar de la cultura de la dieta? ¿Sabes lo que es y cómo nos afecta? ¿Has pensado alguna vez en cómo nos influye esta mentalidad desde la infancia?

Desde la infancia se nos generan expectativas con respecto al aspecto físico, la belleza, el peso, la forma de comer… y la cultura de la dieta nos exige encajar en un cuerpo ideal.

La cultura de la dieta es un sistema de creencias que centra el éxito alrededor de la delgadez y el peso ideal. Poniendo la salud como excusa, esta mentalidad exige tener un cuerpo normativo y genera miedo a subir de peso y rechazo a los cuerpos grandes y voluminosos.

Pero qué te voy a contar sobre la cultura de la dieta, si seguramente lo hayas vivido en tu propia piel. La presión social que hay detrás de tener un cuerpo ideal nos empuja a ocultar aquello que no es socialmente aceptado como bonito y, sin embargo, es natural: estrías, celulitis, grasa corporal… ¿Y qué se nos exige para lograrlo? Restricción. Compensación. Fuerza de voluntad. Obligarse a comer alimentos bajos en calorías, azúcares o grasas, aunque no te guste o incluso te desagrade lo que te hayan (o te hayas) impuesto comer. Además de ignorar las ganas de alimentos poco nutritivos que te sacian a otros niveles.

Comer “sano”. Y pongo sano entre comillas porque lo que la cultura de la dieta considera sano es un arma de doble filo. Para mí, como dietista-nutricionista, la salud es integral. ¿Qué quiere decir esto? Que no podemos evaluar la salud desde una sola esfera (salud física). Es necesario tener en cuenta todas las áreas de la vida para asegurar la salud y el bienestar.

Un producto puede no ser interesante a nivel nutricional y a la vez ser beneficioso para la salud mental. Aun así, no vamos a enfermar por comernos un bollo. Para valorar la calidad de nuestra alimentación, es importante hacerlo a nivel global. ¿Qué comes habitualmente? ¿Cómo comes? ¿Desde dónde comes: comes sano por amor propio o por odio a tu cuerpo?

Desde la infancia, asociamos los alimentos poco saludables a premios y castigos, restricción y culpabilidad.

A veces, cómo comemos dice más de nuestra salud que lo que comemos. La cultura de la dieta está marcada por premios y castigos a través de la alimentación: “me lo merezco”, “puedo comer un helado porque he hecho deporte” … No nos permitimos comer “mal”, pero lo hacemos desde la restricción, desde el miedo y el odio a la posibilidad de que ese alimento nos haga engordar. Y cuando lo hacemos, detrás viene la culpa y la compensación.

Y todo por encajar en un cuerpo ideal, en un peso que han denominado “normal” pero que está lejos de representar a todas las personas sanas. Sobra decir que la salud es mucho más que el peso que marca la báscula. La delgadez y el “normopeso” no aseguran la salud de una persona. Tampoco en los peques.

Es en la infancia cuando se empiezan a gestar estas ideas alrededor de cómo debería ser el cuerpo ideal. Las niñas y los niños empiezan a querer encajar en un canon de belleza impuesto por la sociedad para ser aceptados. Pero todos los peques son válidos. Sin importar su peso, su cuerpo o su forma de comer.

Personalmente, en la consulta, me gusta centrarme en ayudar a las familias a crear una buena relación con la comida desde la infancia. Me baso en la aceptación corporal. En el respeto de las señales de hambre y saciedad a la hora de comer. En conseguir que los peques QUIERAN comer alimentos saludables, que se diviertan comiendo sano y que, cuando coman alimentos o productos menos interesantes a nivel nutricional, lo hagan porque les apetece y no porque no tengan opciones saludables. Y coman lo que coman, que lo disfruten siempre. Para que, cuando sean adultos, disfruten comiendo con libertad.

Si quieres que tus peques lleven una alimentación consciente y saludable, si quieres que elijan un estilo de vida activo y que se diviertan comiendo sano en familia, contacta con Nutritribu.

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